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HECHOS INCREÍBLES
 
Transplantes rejuvenecedores
En 1898, Serge Voronoff (1866-1951), doctor ruso afincado en París, viajó a El Cairo. Durante su estancia tuvo ocasión de examinar a varios eunucos, y llegó a la conclusión de que en su aspecto había una serie de constantes: "Obesos, con carrillos colgantes, caras planas y sin pelo, pechos desarrollados, pelvis alargadas, músculos flojos, movimientos letárgicos". Además le parecieron poco corajudos y de débil memoria e inteligencia.

Voronoff pensó que todos estos síntomas eran semejantes a la vejez, por lo que rápidamente llegó a una conclusión: la falta de testículos envejece. En esta idea estaba implícita la complementaria: la presencia de testículos rejuvenece.
Durante los siguientes años se dedicó a desarrollarla, y en 1917 llevó a cabo un extraño transplante: en una mesa tenía un mono con anestesia general, y en la otra un hombre con anestesia local. Hizo una incisión en el escroto del mono y extrajo un testículo, lo puso sobre una almohadilla esterilizada y lo cortó en seis rodajas. Mientras él realizaba esta operación otro cirujano abría por un lado el escroto del hombre y arañaba el testículo: tres de las rodajas del mono fueron injertadas sobre la parte erosionada. La operación se repitió en el otro lado.

Voronoff efectuó operaciones similares en más hombres: los dos primeros casos sufrieron severas infecciones y los transplantes fueron extraídos. Los demás pacientes apenas mostraron problemas, pero tampoco beneficios (aparte, quizá, de los que proporciona la autosugestión). En 1925 Voronoff publicó sus experimentos alegando resultados milagrosos con fotografías que mostraban las condiciones de los pacientes antes y después de la operación: los pacientes habían, según él, rejuvenecido. Las fotografías previas a la operación presentaban al paciente de frente, arrugado, decaído, con un abrigo viejo y sin peinar; las que lo presentaban recuperado lo mostraban de perfil para que no se apreciaran tantas arrugas, erguido, bien vestido y peinado.

Su fama se extendió por todo el mundo y el gobierno británico mandó un comité para que estudiara las técnicas y resultados de Voronoff. Aunque la idea les parecía buena, consideraron que el método no estaba claro y que no había evidencia de recuperación de potencia sexual, además de que no había habido suficiente control sobre sus experimentos. Pero para entonces Voronoff era una personalidad pública, y cuando llegó a Inglaterra en 1928 le homenajearon con una cena a la que acudieron varias personalidades políticas, científicas y literarias, como George Bernard Shaw. El único motivo por el que se le impidió operar en Inglaterra fue por la presión de los grupos antiviviseccionistas.

Su popularidad fue creciendo por toda Europa y cada vez se reclamaba más su operación. Sin embargo, su fin estaba cerca: la testosterona fue aislada en 1929, y los estudios pronto indicaron que aunque podía mantener algunas características sexuales secundarias en animales castrados y humanos, no tenía ningún efecto rejuvenecedor.

La operación perdió popularidad casi tan rápido como la había alcanzado. En los años cuarenta la inmunología explicó con detalle lo que hacen las defensas del cuerpo con estos transplantes: son inmediatamente identificados como extraños y destruidos. Las burlas se oyeron en toda Europa, pero a Voronoff eso no le impidió casarse a los 65 años con la hija de 21 años del ama de llaves del rey de Rumania, el cual le condecoró tiempo más tarde, supuestamente por su labor como investigador.

 

Referencia bibilográfica: "Errores, falacias y mentiras" Ediciones del Prado, 1998
 
     
 
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