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I Parte:
INTRODUCCIÓN |
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2. VISIÓN
CROMÁTICA |
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2.2. Mácula y periferia en la
visión cromática
Se acepta que la visión tricromática es
procesada fundamentalmente por los 30º-60º centrales
del campo visual (Wolkstein M. A. y Carr R.
E., 1982). Es por tanto una función importante,
aunque no exclusiva de la mácula. Sin embargo, tiene
distintas características a nivel central que a nivel
periférico.
A nivel foveal, la percepción del azul es suprimida.
Usando procedimientos o test periféricos, Bornstein
y Monroe (1978) confirman este hecho, que ya
había sido sugerido por otros autores: Thomson
y Wright (1947), Thomson (1951), Boynton
y colaboradores (1964), Wald (1967).
Como Boynton y colaboradores manifiestan, se
trata de una tendencia a la dicromacia dentro de la
visión tricrómata. Siguiendo a Bornstein y Monroe
(1978), existen dos características anatómicas que
determinan esta "tritanopia foveal". Por un
lado, los conos que contienen el pigmento sensible a
cortas longitudes de onda (azul), son más escasos a
nivel de la fóvea, predominando los conos sensibles al
rojo y al verde (como muestran los estudios de Marc
y Sperling, 1977). Y por otro lado, la
pigmentación macular atenua la radiación de corta
longitud de onda. Ambos hechos hacen que la retina foveal
sea menos sensible a la luz de corta longitud de onda.
A nivel de la retina periférica, se consideraba
clásicamente que la discriminación del color estaba
menos desarrollada que a nivel de la fóvea. Así por
ejemplo, Moreland y Cruz (1959),
estiman que la retina periférica es deficiente para el
color; estos autores encuentran una tendencia al
dicromatismo a excentricidades de 25º-30º (ceguera al
rojo-verde) y una ceguera completa al color a partir de 40º-50º.
Posteriormente y hasta la actualidad, han sido revelados
nuevos aspectos sobre la visión cromática periférica.
En 1973 Wooten y Wald, demuestran la
existencia de tres mecanismos para el color a
excentricidades de 80º; sugieren que la ceguera
periférica al color, es causada por algún tipo de
neutralización a nivel de las vías nerviosas, más que
por un fallo a nivel de receptores para el color.
En 1977 Gordon y Abramov, muestran que
la retina nasal periférica no es ciega al color a una
excentricidad de 45º, opinan que el tamaño del objeto
es un parámetro importante en la discriminación
cromática periférica.
Por último, Noorlander y colaboradores (1983),
evidencian que bajo ciertas condiciones es posible la
percepción de distintos tonos a cualquier excentricidad.
Así la discriminación del color es aproximadamente
constante si el número de células ganglionares o el
área de corteza estriada estimuladas es constante.
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