Cautivo
estoy de amor, por unos ojos
que cuando miran, torturan y enajenan;
miradas donde anidan mis antojos,
y que al clavarse hieren y envenenan.
Ojos de almendra, son los que Dios te ha dado,
para que alumbres mi senda ya perdida;
ellos esmaltan tu carne de pecado,
para que pueda yo beber la vida
en los ojos, mujer, que Dios te ha dado.
|